De vez en cuando hacen algo bien

Si criticamos las revistitas de Puerto Rico que se hacen pasar por periódicos, hay que llamar la atención de cuando hacen algo bien. Ayer, Primera Hora publicó una noticia discutiendo el rumor de los supuestos efectos que iba a tener la luna llena. En vez de entrevistar a algún idiota, ignorante, y/o buscón, entrevistaron a tres expertos: Michael Nolan, astrónomo del Observatorio de Arecibo, Eddie Irizarry, presidente de la Sociedad de Astronomía del Caribe, y Rafael J. Muller, profesor de física y astronomía.

Foto por Trypode en Flickr

¿Qué va a pasar cuando la luna esté llena? Nada. Lo mismo que pasa cada mes.

Otra noticia resaltaba la fascinación por todo lo alarmista, en el que exploraban un poco las razones por las que la supersticiones son tan populares. Algo que no mencionaron es la pobre educación escolar sobre ciencias, y de otras áreas, que ayuda a mantener estas ideas. Si la gente no sabe como funciona el mundo, van a buscar formas de explicarlo, así sean puros cuentos. Nos toca a los científicos poner de nuestra parte para educar al pueblo sobre lo que ya sabemos y lo que nos falta por descubrir. Es triste que sea el mismo Primera Hora el que en otras ocasiones han sido tan irresponsables en publicar “noticias” sobre “eventos” fantásticos que no son más que cuentos sin fundamentos y sin investigación apropiada.

Algo que no estoy de acuerdo en el segundo artículo es la implicación de que esto es un fenómeno latino. De Estados Unidos salen una gran cantidad de pseudociencias, alarmas y otras porquerías basadas en la ignorancia. Muchos creen en intervenciones por ángeles, demonios, o extraterrestres sin evidencia alguna. Algunos aún creen que el 9-11 fue ejecutado por el gobierno. Hay grupos que insisten que las vacunas causan autismo, aunque las primeras pruebas de este enlace fueron falsificadas y se ha estudiado por años sin encontrar tal enlace. Muchos creen en la homeopatía, aunque es una práctica sin fundamento en la realidad. Entre muchos otros temas, los EEUU no se quedan atrás y en ocasiones mantienen estas ideas. El llamarlos un fenómeno latino no es más que ignorancia de la realidad que se vive en EEUU.

A continuación reproduzco los artículos, ojalá que Primera Hora se mueva a esta dirección en vez del sensacionalismo barato.

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Sin fundamento pronóstico de que luna llena provocará enormes catástrofes
viernes, 18 de marzo de 2011
Arys L. Rodríguez Andino / Primera Hora

Basta con que alguien lance la pequeña chispa de una afirmación sin fundamento para que se encienda una bola de pánico que crece y crece hasta que, con suerte, se desintegra.

Eso es lo que ha pasado en los últimos días cuando empezó a circular en la Internet que la luna llena de mañana provocará enormes catástrofes porque el satélite estará en su punto más próximo a la Tierra en los últimos años. En algunas páginas cibernéticas se asegura que grandes lunas como la que se espera mañana precedieron al tsunami del océano Índico, en 2004, o el ciclón que arrasó la ciudad australiana de Darwin en 1974. Incluso, hay quienes le atribuyen a la luna del 19 la catástrofe que ha puesto los ojos del mundo en Japón.

Si a la divulgación de esta información se suma la “bola de fuego” que muchos puertorriqueños aseguraron ver en el cielo el jueves en la noche, es de esperarse que el pánico sobrepase la red.

La supuesta “superluna” de mañana tiene tanta importancia para el mundo científico que el astrónomo del Observatorio de Arecibo, Michael Nolan, señaló que ni había cotejado cuán cerca estará.

“Puede que esté más grande y más brillante, pero no creo que nadie pueda ver la diferencia”, indicó el especialista en asteroides.

Según explicó, es normal que la Luna se acerque y se aleje como parte de su órbita elíptica.

El presidente de la Sociedad de Astronomía del Caribe, Eddie Irizarry, señaló que, en realidad, se ha demostrado que la Luna se ha alejado de la Tierra en cuanto a la distancia promedio.

“Cuando fueron los astronautas a la Luna en la misión Apolo, ellos dejaron una especie de reflectores en la superficie lunar y desde algunos lugares de la Tierra emiten un rayo láser que rebota en la Luna, lo que sirve como medidor de distancia”, afirmó. Según los datos recopilados, la Luna se aleja a razón de una o dos pulgadas cada año.

“Eso implica que llegará el momento de aquí a unos miles de años que otras generaciones no podrán apreciar un eclipse lunar total”, vaticinó.

Lo que sí es un hecho es que la Luna ejerce cierta influencia sobre la marea, lo que mucha gente ha interpretado como válido también para los seres humanos por ser aproximadamente dos terceras parte de agua.

“Hay astrólogos que dicen que si ejerce fuerza sobre los océanos, también lo hace sobre los seres humanos, porque tenemos mucha agua, pero no hay evidencia científica. No está confirmado que ejerza alguna influencia sobre el ser humano”, recalcó. “Tampoco hay evidencia científica que permita establecer un vínculo directo entre terremotos y otros objetos celestes, ya sea el Sol y la Luna”.

Irizarry estableció que el hecho de que la cercanía de la Luna haya coincidido con alguna catástrofe de la naturaleza no es más que eso, una coincidencia.

“Si alguien ve una coincidencia con cualquier fenómeno y ven que eso ocurrió en otras ocasiones, pretenden crear un vínculo científico y tenemos que entender que las coincidencias sí ocurren”, mencionó.

El profesor de física y astronomía Rafael J. Muller atribuyó la “famosa teoría de las conspiraciones” a las afirmaciones del efecto de la Luna en los seres humanos y en las catástrofes. Obviamente, no le dio ningún crédito al “poder” de la luna llena de mañana.

Cuando está llena, ¿qué pasa?

Nada, que está linda. Lo hace todos los meses de todos los años. Cada 28 días tienes marea alta y marea baja.

“Es la fuerza de gravedad lo que controla las mareas. La Tierra le hace fuerza a la Luna y la Luna le hace fuerza a la Tierra, pero en la Luna no hay agua y en la Tierra sí. El agua se mueve en direcciones según esté la Luna”, expuso.

Aun si, en efecto, la Luna influyera en algún otro fenómeno, la respuesta del físico fue “¿y?”.

“Vamos a suponer que tuviera algo que ver. ¿Y? La Luna hala la Tierra como la Tierra a la Luna y en una de ésas mueve una placa tectónica. Eso puede pasar, pero no hay evidencia científica que lo corrobore. Es la misma razón por la que no se tiene manera de predecir un terremoto, porque no existe el equipo, no ha llegado la ciencia y la tecnología al punto que se pueda predecir”, amplió.

“La fuerza que haría sobre un ser humano es tan extremadamente chiquitita que sería imperceptible”, reiteró Muller.

La “bola de fuego”

Acerca del objeto luminoso que se vio cruzar el cielo la noche del jueves, Nolan indicó que es algo muy común; lo que no es frecuente es que caiga en tierra.

Con él coincidió Irizarry, quien según las descripciones que recibió dedujo que se trató de un bólido, un objeto más grande que un meteoro y que generalmente está visible por cinco, siete o hasta diez segundos.

“Una peculiaridad que tienen es que duran más segundos y da la oportunidad de avisar a la persona que está cerca. Con los meteoros, si alguien avisa, ya se fue el meteoro”, explicó.

Los meteoros pueden ser tan pequeños como un grano de arena, pero cuando entran en la atmósfera, la velocidad es tan alta que la fricción provoca la luminosidad.

En el caso de los bólidos se han podido hacer estimados que sugieren que puede tratarse de una roca de unos cinco a siete pies de diámetro.

“Esta roca viene del cinturón de asteroides, una línea imaginaria entre las órbitas de Marte y Júpiter donde hay muchas rocas orbitando al Sol. Ocasionalmente, hay colisiones, y cuando chocan, salen en diferentes direcciones y a veces llegan a la Tierra. Puede tomar meses o años según la trayectoria”, expresó.

Lo que no tomó meses ni años fue la llamada que se recibió en el 9-1-1 sobre un “avión en llamas”, lo que movilizó múltiples agencias según el protocolo.

“Vieron algo raro y llamaron, por supuesto. Fueron dos llamadas y una de ellas dijo que vio algo como un avión en llamas”, expresó el director ejecutivo del sistema, Manuel González Azcuy. “Cualquier cosa que parezca una emergencia, la gente llama”.

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La fascinación por todo lo alarmista
viernes, 18 de marzo de 2011
Arys L. Rodríguez Andino / Primera Hora

La tendencia a darles más peso a los vaticinios catastróficos que a la información científica que lo refuta podría ser la manifestación de un sentido evolutivo para activar el mecanismo de defensa de los seres humanos o de un “residuo cultural” que forma parte de la mentalidad supersticiosa.

El psicólogo Alfonso Martínez señaló que el ser humano tiene una tendencia a darle más importancia al lado negativo de cualquier cosa.

“Aparentemente tienen esa tendencia; se ha verificado en estudios de laboratorio. La gente se ofusca en lo negativo”, reiteró el también profesor.

Aun en temas relacionados con las enfermedades, la inclinación de las personas es a pensar en lo más grave, lo que tenga menos opciones de tratamiento.

“Parece que ese mecanismo (de supervivencia), que puede ser antiquísimo, todavía lo conservamos, pero puede ser hasta disfuncional”, señaló sobre ese “dispositivo” que se activa para enfrentar lo peor.

Para el profesor de bioética Leonides Santos y Vargas, la mentalidad supersticiosa que atribuye los fenómenos catastróficos a los astros tiene un origen religioso de muchos siglos que, “a pesar de todos los adelantos de la mentalidad crítica hay una gran masa de pueblo que, por alguna razón, no puede zafarse de esos pensamientos”.

“El origen de eso no es genético, es social, es cultural”, subrayó el director del Instituto Hostosiano de Bioética.

De la misma manera en que hay gente que cree que la luna influye en sus emociones y en aspectos de la naturaleza más allá de las mareas, la gente también creyó que la tierra era plana.

“Galileo Galilei conceptualizó que la tierra no era el centro del universo y fue condenado por la Iglesia. Esa mentalidad supersticiosa, con apoyo de instituciones religiosas como la Iglesia, forma parte del imaginario social”, analizó Santos y Vargas.

El académico recordó la “mentalidad milenarista” que auguró catástrofes en el 2000.

“La palabra desastre viene de astro. Antes, cuando querían adivinar el futuro, miraban los astros o la dirección en que viajaban las aves. Eso es parte de la mentalidad supersticiosa que la educación no ha podido eliminar”, indicó. “Eso significa que la superstición está más cerca de lo científico. Claro, la explicación supersticiosa tiene miles de años y la científica apenas unos 300″, analizó sobre el carácter “divino” que se les ha atribuido a los astros y la poca difusión de los aspectos científicos.

Precisamente, la falta de divulgación es una de las causas que Martínez señala como responsable de que se les dé más crédito a las explicaciones astrológicas.

“Lo científico no llega. Publican en journals muy técnicos o en conferencias que no se cubren. Es un problema de divulgación”, expresó y añadió que muchos científicos tienen hasta apatía en salir públicamente a desmentir supersticiones.

La también psicóloga clínica Lissette Acevedo considera que la actitud alarmista responde más bien a algo cultural.

“Desde pequeños nos hemos criado con el miedo”, dijo al dar como ejemplo el “duérmete o te lleva el cuco”.

A lo desconocido, como puede ser una bola de fuego en el cielo o una baja dramática en la marea, le damos otro matiz.

“Eso se da más en la cultura latina”, señaló.

“En Estados Unidos dicen que no news is good new, pero aquí si no te reportas es porque tuviste un accidente y estás muerto. No piensa en que el party estuvo bueno y te quedaste más tiempo”, dijo para dramatizar lo alarmista que suele ser el puertorriqueño en todos los aspectos de la vida.

Es, según Acevedo, como si sonara “más impresionante cuando lo que te está pasando es negativo”.

En momentos en que también se anticipan grandes catástrofes para el 2012, Martínez adelantó que siempre prevalece la cuestión sensacionalista.

“Siempre va a haber gente con discursos apocalípticos. No saben separar el grano de la paja”, indicó sobre el acceso prácticamente ilimitado a mucha información sin sustancia pero a la que se le da crédito.

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