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Recomiendan colocar al coquí llanero en la lista de especies en peligro de extinción federal

Coquí llanero (E. juanariveroi)

Buena noticia: el Servicio de Pesca y Vida Silvestre federal (FWS por sus siglas en inglés) ha recomendado que se incluya al coquí llanero (Eleutherodactylus juanariveroi) en la lista de especies en peligro de extinción y se declare hábitat crítico.

El coquí llanero es una pequeña ranita que solamente se ha encontrado en un humedal de la antigua Base Naval de Sabana Seca en Toa Baja. El hábitat del llanero se encuentra rodeado por carreteras, casas y está en peligro de ser destruido por la construcción en sus alrededores o la modificación de el sistema al sembrar más cemento en sus alrededores.

Vamos a expresarnos y apoyar esta designación para proteger a esta singular ranita. El llanero logró sobrevivir porque el humedal no fue tocado por los militares pero está en peligro por los puertorriqueños. Si no la protegemos nosotros, nadie más lo hará.

La nota que publicó El Nuevo Día contiene un error (¿cuándo no?). Dice:

El coquí llanero, ese diminuto animal con canto melodioso característico de Puerto Rico, próximamente podría ser declarado como una especie en peligro de extinción.

El llanero no canta “co-quí”, que es lo que asumo se refiere con lo de “canto melodioso característico”. El sonido que producen los machos del llanero es un silbido bien agudo.

Más información:

Una búsqueda seria de el chupacabra

El chupacabra se ha convertido en uno de los más famosos críptidos del mundo. Los crítidos son supuestos animales que nadie ha demostrado que existen, pero que varias personas insisten que son reales. Entre los más famosos está el Monstruo del Lago Ness y Pie Grande.

Los reportes del chupacabra en Puerto Rico son bastantes similares: “periódicos” reportan que alguien observó algo raro o que encontraron animales muertos. En los EEUU el fenómeno es de otro tipo, donde a perros, en ocasiones de razas raras o con sarna, y coyotes con sarna se les clasifica como el chupacabra porque la persona que los reporta no sabe lo que está mirando.

La crítica a estos reportes, y a la idea de que algo como el chupacabra existe, es sencilla: ¿dónde está la evidencia? Algo raro no significa que es un chupacabra, particularmente si no tiene una opinión de expertos en veterinaria, zoología y vida silvestre.

Portada del libro "Tracking the Chupacabra"

En su más reciente libro, Benjamin Radford explora el fenómeno del chupacabra y la evidencia en varios países de Latinoamérica y los EEUU. “Tracking the Chupacabra” (Rastreando el cupacabra) resume los reportes más famosos del supuesto ser, la mitología que rodea la leyenda, y hace las preguntas que los periodistas nunca hicieron, descubriendo detalles que explican los reportes de manera racional. El libro fue publicado en marzo y recientemente pude sacar un poco de tiempo para leerlo.

La aportación más importante del libro de Radford, a parte de una completa documentación del fenómeno, es separar los reportes en dos categorías:

  1. Los reportes de Puerto Rico y Latinoamérica sobre ataques a animales con supuesta extracción de sangre.
  2. Los reportes en EEUU sobre mamíferos, principalmente perros y coyotes con sarna u otras enfermedades, que les llaman chupacabra por su aspecto extraño.

En ambos casos, la evidencia es bien pobre, los reportes lo hacen personas sin entrenamiento para llegar a las conclusiones a las que llegan y la prensa nunca le da seguimiento necesario para llegar a la verdad.

El libro tiene ocho capítulos y tres apéndices con la más completa evaluación del fenómeno:

Capítulo 1: El misterio del chupacabra. Este capítulo resume de manera general los datos más relevantes sobre el fenómeno. El autor resume el reporte más famoso del chupacabra, junto al icónico dibujo, del 1995 en Canóvanas, Puerto Rico. La parte más interesante es la comparación de las descripciones ofrecidas sobre el chupacabra, que incluyen:

  • posee una fuerte cola vs. no tiene cola
  • pasa la mayor parte del tiempo volando vs. no tiene alas
  • tiene tres dedos vs. tiene cuatro
  • tiene una hilera de espinas en la espalda vs. no tiene
  • tiene orejas grandes vs. tiene orejas pequeñas

Capítulo 2: Una historia breve sobre vampiros. En este capítulo Radford resume las leyendas sobre seres que conocemos como vampiros, desde Europa, África y Latinoamérica. Incluye una vista a el problema del estátus en Puerto Rico y cómo el resentimiento tras la invasión de los Estadounidenses ayuda a crear un clima de desconfianza, que le dan credibilidad en el pueblo a la leyenda de supuestos experimentos militares. También incluye un resumen de los reportes del “vampiro de Moca”.

Capítulo 3: El chupacabra en la cultura popular. Este capítulo reseña la pobre calidad de los reportes de los periódicos y cómo la gente recibió estos reportes. La leyenda tomó vida propia cuando la gente trató de darle sentido a los reportes de la prensa que reportaban detalles imposibles de saber y no hacían preguntas básicas.

Capítulo 4: Buscando el chupacabra en Nicaragua. En este capítulo, Radford visitó un bosque en Nicaragua para reportar cómo se podría buscar una población salvaje de la criatura que se alega es el chupacabra. No creo que haya sido necesario este capítulo, pero al menos el autor trató de explorar todas las alternativas.

Capítulo 5: Los vampiros muertos hablan: los cadáveres del chupacabra. Este capítulo resume la mayoría de los más famosos reportes de cadáveres de supuestos chupacabra. Uno tras otro, el autor evalúa los reportes de la prensa y le da seguimiento al caso, algo que la prensa nunca hace. En los casos donde se hizo análisis de ADN, el resultado era el mismo: el cadáver era un perro o un coyote. La descripción de un aspecto extraño era el resultado de la ignorancia de las personas, ya que no eran expertos en vida salvaje. De nuevo resalta la responsabilidad de la prensa en mantener esta histeria colectiva, ya que en cada nuevo reporte ignoran los casos anteriores donde se identificó el cadáver como un animal conocido.

Capítulo 6: El caso curioso del chupacabra de Cuero. Radford toma un caso en particular para analizarlo de manera más detallada. Este caso fue de un supuesto chupacabra cazado cerca del pueblo de Cuero, Texas. El animal resultó ser un coyote con sarna, pero los proponentes no aceptaron los resultados y la prensa aún usa este reporte como un supuesto chupacabra. También resalta las contradicciones de los que mantienen la idea de que es un chupacabra. Por ejemplo, dicen que el animal no tenía pelo, pero las fotos del cadáver demuestran lo contrario. Hay personas que llegaron a una conclusión y no hay evidencia alguna que los convenza. Lo que estos casos revela es que las personas que hacen estos reportes echan a un zafacón y clasifican como el chupacabras todo lo que no conocen o entienden, sin buscar la opinión de un experto.

Dibujo típico del chupacabras en la prensa

Capítulo 7: Reconsiderando al chupacabra. El autor entrevistó a la testigo del más famoso caso en Puerto Rico, y que dio origen a la imagen del chupacabra, Madelyne Tolentino, una residente de Canóvanas. Radford evalúa su testimonio y hace las preguntas que la prensa no hizo, encontrando más interpretación que hechos, más conclusiones sin fundamentos que datos. Adicionalmente hace la conexión de que Madelyne vio poco antes del reporte la película Species, que da origen a la famosa imagen del chupacabra. (vea mi artículo anterior sobre el tema)

Capítulo 8: La zoología del chupacabra y la ciencia de vampiros. En este capítulo el autor evalúa los alegatos más comunes de los ataques del chupacabra: la total ausencia de sangre del cuerpo y los ataques sin depredación. Para resumir, no hay manera de determinar que un animal se le removió la sangre sin una necropsia por un experto. Por lo tanto, todos los reportes de supuesta falta de sangre que no tienen un reporte veterinario que lo acompañe, no son confiables. Sobre los ataques, demuestra, con reportes y expertos de la ciencia de vida salvaje, que los coyotes y perros son capaces de atacar animales y no comérselos por varias razones. Entonces, los casos donde hay mordidas se pueden explicar fácilmente, atribuirlos al chupacabra requiere evidencia que la prensa no le importa colectar.

El libro termina con tres apéndices: “Comparación de diez reportes notables del chupacabra”, ”Como identificar un chupacabra”, y “Entrevista del 2010 con Madelyne Tolentino”.

Tras la publicación del libro, varios medios cubrieron brevemente la noticia. Lamentablemente, los medios en Puerto Rico demostraron una vez más su incompetencia y falta de respeto al pueblo. En vez de reseñar y discutir un libro de un tema que ellos mismos han explotado, sacaron breves reseñas para curarse en salud. Incluso, ¡llegaron hasta a entrevistar a Chemo Soto! En vez de entrevistar al autor (el idioma no es excusa ya que Radford habla español) y discutir sus conclusiones, le preguntan a Chemo, ¡sin que el reportero o el alcalde hubiesen leído el libro! En la desfachatez de la basura de prensa con la que cuenta el país, la opinión de Chemo es válida sobre un tema del cual no ha demostrado tener cualificaciones y opina de un libro que no ha leído.

El libro de Radford está disponible en inglés en versión de carpeta blanda y para el Kindle. Definitivamente hace falta una versión en español de este libro. Aunque claro, la prensa seguirá cubriendo el fenómeno como si fuera real, ya que les interesa más vender que reportar la verdad. Para los que le interesa ver una investigación seria desde el punto de vista zoológico o sociológico, les recomiendo el libro.

Las autopistas se hacen sentir en la comunidad de aves

Las autopistas contribuyen a mover tráfico a altas velocidades, pero tienen muchos efectos en el ambiente y los sistemas naturales que deben ser considerados. Dos efectos principales son la destrucción de hábitat durante la construcción y la fragmentación de bosques. Otro efecto que no parece ser considerado es el ruido que se produce en las autopistas sobre los bosques.

Algunas autopistas tienen barreras para contener el ruido de áreas urbanas, pero no existen para bosques. El ruido de las autopistas, una mezcla del ruido de los motores y la fricción de las gomas en el concreto, penetra los bosques que las rodean, haciendo necesario estudiar el efecto de este ruido. Si las especies evitan las áreas bañadas en este ruido, el área impactada por una autopista debe ser considerada mucho más grande de lo que se ve a simple vista.

En un estudio de Maria Isabel Herrera-Montes y T. Mitchell Aide, de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, analizaron el efecto del ruido en las comunidades de aves y anfibios en Puerto Rico. El estudio lo hicieron cerca de las carreteras PR-2 y PR-22, en la zona del karso, y la PR-1 y la PR-52, en bosques de baja elevación.

A lo largo de estas carreteras, escogieron áreas de bosque cerca de las carreteras, con mucho ruido, y otras áreas lejanas a las carreteras, con poco ruido. Los bosques en cada zona eran similares en términos de estructura y su mayor diferencia era el nivel de ruido.

El resultado fue significativo: el ruido de las autopistas afectaron la comunidad de aves de manera negativa. Las áreas con ruido tenían menos diversidad de especies y menos especies al compararlas con áreas similares pero sin el ruido de las autopistas. Esto significa que las aves evitan las áreas cercanas a las carreteras, posiblemente porque no se pueden comunicar o atraer una pareja.

El estudio encontró que las comunidades de anfibios, coquíes y ranas, no fueron afectadas por el ruido. Es posible que el comportamiento de los anfibios (todas las especies cantan de noche) les permitieran evitar los periodos con más ruido de las autopistas. También es posible que el hecho de que las ranas en Puerto Rico tienden a tener coros bien densos y cantan a alto volumen les permiten atraer una hembra ya que están acostumbrados a ambientes de alto nivel de sonidos.

Este estudio nos demuestra el problema serio que representa el gran número de carreteras en Puerto Rico. Su impacto no se limita al área que cubren. Sistemas de transportación colectivos ayudarán a nuestra calidad de vida al igual que a las especies con quienes compartimos esta isla tropical. No tomar acción raya en lo criminal.

Herrera-Montes, Maria Isabel and T. Mitchell Aide. 2011. Impacts of traffic noise on anuran and bird communities. Urban Ecosystems. DOI: 10.1007/s11252-011-0158-7

Investigación revela el verdadero origen del chupacabras

El investigador Benjamin Radford está presentando los resultados de su investigación sobre el fenómeno del chupacabras. Radford es editor de la revista Skeptical Inquirer y ha investigado otros casos de fenómenos como fantasmas, Bigfoot, OVNI, milagros, entre otros.

Su libro, Tracking the Chupacabra, detalla una investigación de más de 5 años que incluyó entrevistas a testigos y expertos forenses además de viajes de campo en Puerto Rico, Texas, Nuevo México y Nicaragua.

Portada del libro Tracking the Chupacabra

Entre las conclusiones que Radford llegó es que el fenómeno está dividido en dos tipos:

  • Tipo I – el que conocemos en Puerto Rico, un supuesto animal desconocido para la ciencia que chupa sangre sin dejar rastro.
  • Tipo II – mayormente del sur de los Estados Unidos.

Dibujo típico del chupacabras en la prensa

El Tipo II no es más que casos de perros y coyotes con sarna, confirmado por análisis veterinario de los cadáveres.

El Tipo I tuvo su origen en una historia del 1995.

Para determinar el origen, Radford entrevistó a la mujer que hizo el primer reporte. Viendo que la descripción era tan detallada, y que no existe reporte alguno antes de ese año, decidió buscar qué otros reportes o fenómenos tenían características similares. Encontró uno, una película que salió justo antes de el reporte original del chupacabras en 1995. leer más »

No es fácil estudiar animales (actualizado)

Los biólogos que estudiamos animales nos enfrentamos a un problema en todo momento al observar su comportamiento: reducir o evitar la influencia que tenemos los humanos al hacer un estudio. O sea, como podemos observar lo que hacen los animales de manera natural y no como reaccionan a nosotros.

Existen varias opciones, ninguna ideal. Por ejemplo, científicos pueden esconderse en una caseta camuflada para evitar que los animales los vean. Otra alternativa es usar equipo de video o audio que pueden hacer el trabajo por nosotros.

En este caso, un equipo de la BBC trataba de grabar el comportamiento de osos polares en su hábitat natural usando cámaras disfrazadas de pedazos de hielo. Lamentablemente, no contaron con la astucia de los osos que se dieron cuenta de que esos pedazos de hielo eran muy extraños y merecían un análisis cercano. Claro, una cámara no puede sobrevivir la curiosidad de un oso polar, que puede llegar a pesar más de 1,200 libras, como demuestra este video:

El video que aparecía originalmente era de Youtube y fue removido.

Por fin PrimeraHora se digna en decir que la gárgola no es más que un ave

Las revistas de Puerto Rico se han llenado recientemente de reportes sobre chupacabras y la gárgola sin mediar evidencia alguna. Primera Hora llegó hasta el punto de enviar a su equipo para transmitir en vivo por internet la “búsqueda” de la gárgola en Guánica, que no fue otra cosa que un paseo por la antigua central en vez de un esfuerzo de investigación real. Hasta Chemo llegó para robar cámara, vistiéndose de camuflaje para la noche.

Hoy, al fin, publican una nota citando al veterinario Armando Burgos y al aficionado a las aves Sergio Colón. En este artículo llegan a la conclusión que lo más probable, los reportes han sido de aves de la especie aura tiñosa.

Un detalle que no se puede olvidar: la persona que insiste de que es una gárgola no tiene evidencia alguna. Ver un animal sobre un animal muerto no es evidencia de que lo mató. Ver un animal grande en la noche no es evidencia de un ataque por una criatura mitológica.

Cada vez que veo estos reportes tengo las mismas preguntas:

  • ¿Dónde está el reporte de la necropsia (autopsia) de estos animales para saber la causa y tiempo de la muerte?
  • ¿Dónde están las fotos?
  • ¿Cómo se eliminó al aura como posibilidad?
  • ¿Por qué no han encontrado un espécimen de la gárgola muerto para estudiarlo? En la ciencia es requisito tener al menos un individuo para describir una especie.
  • ¿Por qué estaba tan seguro de que vivía en la antigua Central pero no lo encontraron?

La única foto que ha sido publicada es imposible de distinguir y no está acompañada de una foto de mejor calidad para poder determinar el tamaño de lo que aparecía en la foto. Un animal en descomposición es algo que muy pocas personas tienen experiencia. El animal se ve bien raro y, después de varios días o semanas, se ve seco al ser devorado por bacterias, animales y el sol. Además, no es necesario estar bañado en sangre en todo tipo de muerte, lo que explica la ausencia de el charco de sangre tipo película que la gente espera ver. Todos estos datos y la chapusería del que promueve esta idea explican lo que la gente ha observado.

Tomar datos para evidenciar un fenómeno de forma científica toma tiempo y esfuerzo. Decir que una criatura mitológica está rondando por el suroeste de la isla no toma esfuerzo alguno.

La gárgola y la chapusería de un reportero

Hace unos días encontré una noticia publicada en el mes de agosto por el reportero Pedro Bosque Pérez, de quién he escrito anteriormente. En la noticia, publicada el 29 de agosto en elnuevodia.com, reporta supuestos ataques de una “gárgola” a animales y a una persona. Este escrito en particular refleja la chapusería disfrazada de investigación. Cuando mezclamos esto con la ignorancia, el resultado es nefasto. leer más »

Puerto Rico pierde otra especie, una que apenas conocimos

Lagartijo gigante de Culebra

Una de las tragedias que la destrucción y modificación de hábitat provocan es la extinción de poblaciones y especies. Las especies en las islas tienden a ser únicas porque han tenido un área limitada para evolucionar. Podemos asumir que la gran destrucción de los bosques que Puerto Rico y otras islas han sufrido se han llevado de por medio un número significativo de especies. Estas especies se perdieron para siempre.

A la hora de cuantificar cuantas especies tenemos, hay que primero describir la especie para la ciencia. En ocasiones algún biólogo describe una especie y esa es la última vez que alguien ve esta especie. Esa descripción se hace de los últimos individuos de la especie pero este hecho no se conoce hasta que han pasado varios años y se ha hecho el trabajo de campo.

En una reciente publicación, la bióloga Ava Gaa Ojeda Kessler describe un trabajo de campo en el que determina que el lagartijo gigante de Culebra (Anolis roosevelti) está extinto. Esta especie fue descrita para la ciencia en base a dos individuos colectados entre 1931-32 por Grant. En una revisión por Gregory C. Mayer, éste encontró siete especímenes más de la especie que fueron colectados en el siglo 19 pero asignados a otras especies por error. En total, el lagartijo gigante de Culebra se conoce de Culebra, Vieques, St. John y Tortola.

Interesantemente, habían reportes de personas que alegaban haber visto el lagartijo gigante en Culebra. Sin embargo, quedaba la duda de si en realidad eran lagartijos o si confundían lo que veían con otra especie, posiblemente la iguana verde (Iguana iguana). Al presentarles a estas personas entre la opción de la iguana verde y el lagartijo gigante, todos habían visto iguanas verdes juveniles.

Áreas donde el lagartijo fue buscado en la Isla de Culebra (en amarillo)

Este reporte también documenta la búsqueda del lagartijo en casi toda la isla de Culebra a lo largo de un año. El estas búsquedas se vieron otras especies de reptiles, pero ni un solo individuo del lagartijo gigante de Culebra. La autora también reseña varias búsquedas hechas por otros herpetólogos en la isla, ninguna de las cuales encontró la especie.

Basándose en el tiempo que ha pasado desde la última vez que alguien vio al lagartijo gigante y la búsqueda exhaustiva, la autora del reporte indica que la especie se debe considerar extinta, al menos para la Isla de Culebra. Aunque hacen falta otras búsquedas en las otras islas (Vieques, St. John y Tortola), es posible que esta especie esté extinta completamente.

Ava Gaa Ojeda Kessler. 2010. Status of the Culebra Island Giant Anole (Anolis roosevelti). Herpetological Conservation and Biology 5(2):223-232.

Una breve guía para identificar los coquíes en su casa

De vez en cuando me llega un mensaje de alguien que quiere saber cual especie de coquí encontró en su patio. Con mucho gusto trato de ayudarlos. Aprovecho este espacio para darles una idea de la mejor manera para identificar las especies de coquíes que viven en su patio.

El patrón de marcas y colores no ayuda a la identificación, ya que el coquí común tiene una variedad increíble de patrones. Sin embargo, expertos podemos identificar las especies por características del cuerpo, como la forma del cuerpo y la cabeza. Pero la manera más fácil, y segura, de identificarlos es usando el sonido que producen los machos. Cada especie tiene un sonido diferente, con un poco de paciencia puede aprender a distinguirlos. El los enlaces a continuación incluyo un sonido de la especie.

Use esta guía para tener una idea de las especies que posiblemente puede encontrar:

  • Casi toda la isla: El coquí común se puede encontrar en casi todas partes de la isla, desde las urbanizaciones en San Juan hasta en las montañas de la Cordillera Central.
  • Áreas metropolitanas de San Juan, Ponce, Mayagüez u otras ciudades de los llanos costeros: Hay cuatro especies de coquíes en estas áreas: coquí común, coquí churí, coquí pitito y el coquí de las hierbas. También está la ranita de labio blanco y varias especies exóticas, como la rana toro, el sapo común y la rana platanera.
  • Sierra de Pandura y áreas cercanas: En las cuevas conocidas como guajonales y en algunos ríos rocosos puede vivir el coquí guajón, en adición a las especies de áreas metropolitanas.
  • Pueblos de la montaña: A menos que viva en áreas cercanas a bosques viejos, o sea, bosques de más de 50 años, es poco probable que encuentre especies diferentes a las que se encuentran en las áreas metropolitanas.
  • Bosques estatales y federal de la montaña: Estos bosques contienen casi todos los bosques más viejos de Puerto Rico. Es en estos bosques donde se encuentran las especies de coquí menos comunes, como el coquí melodioso, coquí caoba, coquí de Hedrick, coquí de la montaña y el coquí martillito.
  • Bosques de neblina o bosques enanos: Estos son bosques cubertos por neblina buena parte del tiempo y que cubren las partes más altas de las montañas de la Cordillera Central, por ejemplo en el Bosque de Toro Negro, y de El Bosque del Yunque. Hay dos especies exclusivas de este tipo de bosque. El coquí grillo vive en los bosques enanos de la isla y canta por un par de horas de la noche. Única del bosque enano de El Yunque es el coquí duende, una pequeña ranita que vive bajo la tierra.

Otras especies se consideran extremadamente en peligro de extinción, si no es que ya lo están. Estas especies son el coquí dorado, coquí de Eneida y el coquí palmeado. El coquí llanero solamente se encuentra en la antigua Base Naval de Sábana Seca.

Nota: Esto no significa que no puedan seguir enviandome preguntas, con mucho gusto les trataré de ayudar. La tarea se hace más facil si tiene una grabación y/o una foto. Para la foto por lo general va a tener que usar el modo Macro de su cámara, identificado por un icono de una flor. Este modo permite que la cámara enfoque a corta distancia del lente.

El juey, otra víctima del mal uso de las tierras

Foto por Hans Hillewaert, disp. en WikiMedia CommonsEn un estudio publicado recientemente se encontró que el juey (Cardisoma guanhumi) ha sido afectado por el uso de las tierras en Puerto Rico. En particular, el juey no puede usar áreas con alta variabilidad en la temperatura del suelo, como los pastizales. Es posible que aumento en pastizales en la isla haya reducido significativamente el hábitat disponible para los jueyes, haciendolos hoy una especie difícil de encontrar.

El estudio, por Yogani Govender, Alberto Sabat y Elvira Cuevas del Departamento de Biología de la UPR en Río Piedras, fue publicado en el número más reciente de la revista Journal of Tropical Ecology.

Los investigadores compararon la abundancia de jueyes con variables ambientales en lugares clasificados como urbano, mangle, industrial, pastizal y bosque. El estudio lo hicieron en la Bahía de Jobos y en el Estuario de la Bahía de San Juan. También encontraron que los jueyes preferían lugares donde el nivel del agua en el terreno era bajo, lo que les permite esconderse o escapar a depredadores.

Yogani Govender, Alberto M. Sabat and Elvira Cuevas. 2008. Effects of land-use/land-cover changes on land crab, Cardisoma guanhumi, abundance in Puerto Rico. Journal of Tropical Ecology 24: 417-423.
doi:10.1017/S0266467408005130