Por Miguel A. Acevedo y Luis J. Villanueva-Rivera / Especial para El Nuevo Día / 9 mayo 2007
Todos los pajareros recuerdan con cierto grado de emoción aquel día en el que pajarearon por primera vez. La emoción de los sonidos del bosque y el reto de encontrar las aves en el follaje son algunas de las anécdotas más comunes de aquella primera pajareada. Sin embargo, todos guardan un espacio importante en su memoria para el día en que observaron su primer San Pedrito (Todus mexicanos).
Mi primer San Pedrito lo observé en un parcho de bosque al este de Puerto Rico, entre Luquillo y Canóvanas. Era la primera vez que observaba aves y por suerte no fue la última. Estábamos identificando las aves primero por su sonido para luego observarlas. leer más



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