Publicado en 10 de Febrero de 2011

¿Cómo es posible que aún Ygrí Rivera siga siendo la Presidenta de la Junta de Síndicos de la UPR? Esta señora dijo:

“Es tan absurdo como decir que la semana que viene tienen una actividad que se llama por amor a la Universidad. Ese es el mismo amor del marido que le demuestra el amor a la mujer dándole un leñazo todos  los días y tú ves que un día le da con un bate, otro le mete una puñalada, ese es el amor enfermizo. Así es como ellos dicen amar a la Universidad.” (énfasis mío, Fuente: Primera Hora)

Primero, es un insulto que esta señora utilice el serio problema de violencia doméstica para justificar su terquedad. Segundo, ella no tiene la más mínima idea de lo que la iupi es para nosotros. Aunque algunos, como se dice, “pasaron por la universidad pero la universidad no pasó por ellos”, la mayoría de los alumnos y ex-alumnos de la iupi estamos orgullosos de ser o haber sido parte de lo que es la Universidad de Puerto Rico. Nosotros llevamos en el corazón nuestra Alma Mater porque, después de nuestras familias, le debemos todo lo que somos y logramos a ella. Hoy estoy cursando estudios doctorales en Purdue University gracias a lo que aprendí en la iupi.

En 1990 participé de un campamento de verano de ciencias y matemáticas para estudiantes de séptimo grado. Durante seis semanas tomábamos clases de ciencias y matemáticas en los edificios de Pedagogía, Facundo Bueso, NCN y otros del Recinto de Río Piedras. Dormíamos en la Resi-Campus. Todas nuestras comidas eran en el Centro de Estudiantes. Hasta practicábamos deportes en el complejo deportivo. No solamente me llevé ese verano la experiencia del campamento. Ese verano me enamoré de la iupi. La diversidad de estudios, la cantidad de árboles, la solemnidad de las bibliotecas, los laboratorios, el Recinto Histórico, en fin, todo lo que hace única a la iupi.

Recuerdo una tarde que miraba desde el segundo piso de Facundo Bueso a dos estudiantes jugando con un frisbee en la grama frente al edificio. Ese día decidí que ese sería mi destino. Cuatro años más tarde logré cumplir con el sueño de convertirme en estudiante de la mejor universidad de nuestro país. No jugé con un frisbee en esa área de grama, pero al menos ayudé a otro estudiante graduado a capturar murciélagos para un estudio en esa área. Creo que fue una buena experiencia sustituta.

Foto por Ashig84, Wikimedia Commons

Las filas para las matrículas eran épicas. Algunos profesores eran pésimos y daban la misma charla que llevaban dando por más de una década. La burocracia en ocasiones se tragaba documentos a un hoyo negro. La planta física de muchos edificios estaba en deterioro. Llegar en carro era una aventura y coger la guagua era un ejercicio de fe. ¡Pero no lo cambio por nada!

En la iupi aprendimos lo que es trabajar con gente que piensa diferente a ti. Por primera vez ves todo tipo de personalidad y aprendes que todos buscamos lo mismo, ya sea el hippie, el rockero, el de los dreads, el gay, el bi, el rico, el pobre, el estadista reventao, el independentista que va a Lares, el eñangotao, el bocón, el presentao, el músico, el atleta, el médico frustrado, el político en potencia, el fiestero, el borracho, el que fumaba pasto, el aleluyita, el lambeojos del profe, el socialista, el estudiante eterno, el pesimista, el optimista y hasta Milton, en fin, una ensalada de gente que te hace ver que el que odia al que es diferente es porque vive sumido en la ignorancia. Claro, cuando uso el artículo “el”, me refiero a tanto hombres como mujeres, en particular porque las mujeres son mayoría en la iupi.

Tuve profesores que me enseñaron que no hay forma de chapusear un ensayo. Tuve un profesor de física que, aunque sus exámenes eran difíciles y saqué C, se esmeraba en explicar los conceptos de movimiento, fuerzas y otros, por encima de que nos embotellaramos unas fórmulas. Tuve una profesora de español que nos enseñó a apreciar la sutileza con la que se puede decir algo con la palabra escrita. Un profesor de biología que, en vez de recitar el libro, usaba toda la pizarra para, sin quedarse quieto por un momento, explicar cómo funcionan las neuronas. Varios profesores investigadores de los que aprendí que el trabajo arduo y las ideas atrevidas tienen un gran valor a la hora de trabajar en ecología. Profesores que me retaban a buscar una mejor manera de hacer las cosas, que empujaban para que diéramos todo lo que podíamos en la búsqueda de la verdad en las ciencias. Una profesora de historia nos habló de la historia de la patria que no enseñan en la escuela y lo que fue la experiencia de buscar su carpeta, la que la Policía le había hecho ilegalmente por independentista. Tuve muchos profesores que se fajaron para que tuviéramos experiencias más allá del salón de clases, que viajáramos, que nos retaban a soñar más allá de lo nos atrevíamos, que conociéramos el mundo. En fin, muchos buenos profesores y profesoras que, si logro ser profesor, espero ser tan bueno como ellos para honrar su labor.

Creo que logré visitar todas las bibliotecas al menos una vez. Desde los libros raros en la Colección Puertorriqueña en Lázaro, los libros de leyes en Derecho, hasta los reportes científicos en la biblioteca de Naturales, en la que pasé muchas horas. A falta de una biblioteca nacional, otra chapusería de los políticos, esas bibliotecas representan uno de los pocos archivos de su calidad y cantidad en el país.

En la iupi tuve que aprender a dar clases. Aunque al principio no daba pie con bola, gracias a unos profesores que me dieron una mano, pude mejorar y perderle el miedo a hablar frente a un grupo. En el momento de defender mi tesis, frente a estudiantes y profesores de mi departamento, era muy poco el miedo y mucha la excitación de darle fin a un capítulo tedioso, pero satisfactorio, de mi vida.

Entre edificios, clases, conciertos, obras de teatro, investigación, protestas, organizaciones, libros, mapas, computadoras, colegas, amigos y amores crecí y me encontré a mi mismo. En ese viaje también encontré a quienes hoy son mis amigos más cercanos. Y claro, algunos enemigos. Pero fueron más las personas dignas de admirar que trabajaban, y aún trabajan, todos los días por la iupi, no por un partido, ni por un candidato que promete y no cumple, sino que trabajaban por el mejor motor para el futuro de nuestra patria, la Universidad del Pueblo. Como los más orgullosos alumnos, viví en la iupi más que en mi casa.

La universidad me llevó a viajar por primera vez fuera de Puerto Rico. Inclusive me llevó al otro lado del mundo, presentando un proyecto de investigación en Xishuangbanna, provincia de Yunnan, en el sur de China. Pude ver varios estados de EEUU, México y Costa Rica, pero más importante, conocer gente diferente.

A la iupi la amamos como a nuestra patria. Queremos que mejore y detestamos al que se aprovecha de ella para agendas partidistas o para enriquecerse. No queremos que caiga en manos politiqueras y mezquinas que hablan con odio de sus estudiantes. Queremos que los que, como nosotros, la aman puedan trabajar para darle todo lo que necesita. Tuvo un impacto tan grande en nuestras vidas que sabemos que si más jóvenes boricuas pasan por la experiencia, nuestro futuro será mejor. No hay forma que un pueblo educado sea peor que un pueblo ignorante.

Dibujo por Carlos Latuff

Luis Fortuño, Marcos Rodríguez Ema, Ygrí Rivera, Ramón de la Torre y Ana Guadalupe no tienen idea de lo que la Universidad representa, nuestra vida y el futuro de la patria. No tienen idea del amor que le tenemos y el dolor que, aún en la distancia, nos provocan con su actitud retrógrada. Ellos no tienen idea de la rabia y tristeza que nos da ver estudiantes agredidos en un campus ocupado por la Policía en vez de tener estudiantes leyendo un libro o escuchando una charla. La política de no confrontación existe porque los universitarios no confían en la Policía, porque la historia ha demostrado que no se saben comportar en nuestra iupi.

Mientras hacen más difícil estudiar, botan dinero en contratos innecesarios, la “seguridad” de la Capitol, anuncios por montones para comprar a la prensa y ataques al que se atreve a decir que no está de acuerdo con lo que quieren hacer. Ellos no quieren diálogo porque no les importa, pero a nosotros sí nos importa y nos duele en el alma que se derrame sangre en nuestra iupi. Solamente alguien que odie la UPR y lo que ella representa se puede empeñar en una posición que provoca confrontaciones innecesarias.

¡FUERA LA POLICÍA!

**¡QUE SEA EL PUEBLO EL QUE OCUPE EL RECINTO!

**

¡QUE EMPIECE EL DIÁLOGO!

¡AYER, HOY Y SIEMPRE, LA IUPI ES NUESTRA, NO DEL DICTADOR DE TURNO!



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