Publicado en 16 de Febrero de 2013

El pasado 15 de febrero, el periodicucho El Nuevo Día publicó una columna del quejón Milton Picón. En ésta columna, Milton acusa a los demás de lo que él hace, ser intolerante. Ser intolerante no es pedir igualdad ante el estado de las minorías. Del otro lado, ser intolerante es pretender que el estado comparta tu odio a grupos minoritarios, en este caso pretende compartir su homofobia.

Veamos lo que Milton dice:

La intolerancia de los intolerantes

Milton Picón

Vivimos tiempos de cambios significativos dentro de nuestra cultura, particularmente en el área de los valores. Fuerzas que se hacen llamar “modernas, progresistas y liberadoras” [No se “hacen llamar”, sino que lo son.] pretenden hacerles creer a unos sectores mayoritarios de nuestra población que antiguos valores [Como la esclavitud, el discrimen contra los negros y mujeres, etc.] e instituciones deben ser descartados para darles paso a los de ellos [Para dar paso a una sociedad más justa.], los que tengan de moda [Como esa moda de que la gente tenga derechos civiles que lo protejan del poder del gobierno.].

Eso es lo que proponen sectores minoritarios compuestos de ideólogos de la academia, directivos de organizaciones profesionales, de esos que pretenden hablar en nombre de sus matrículas sin consultarlos y de un fraccionado liderato de activistas sexuales [¿Cuánta gente hace falta para que sea válido para él? Él puede probar que habla por más gente?], que andan en un viaje de poder, intoxicados con la cobertura y exposición mediática diaria que reciben [Porque él es el único que merece los beneficios y privilegios que el gobierno le da a las iglesias y exposición mediática que él ha tenido.].

A los anteriores se les unen como un coro algunos medios masivos de comunicación que han abandonado la cobertura justa e imparcial de la noticia para convertirse en una maquinaria de propaganda de los que quieren imponerle una “nueva escala de valores” a nuestra sociedad [Mientras, los cristianos han tenido el favor de los medios, gobiernos y estructuras de poder por siglos. Es hora de que tengan algo de competencia en el mercado de ideas, o ¿temen que sus ideas no pueden sobrevivir?].

Tan pronto se regó como pólvora por todo el País la noticia de que una gran coalición de personas, iglesias y organizaciones se reunirán el lunes 18 de febrero frente al Capitolio en un acto de afirmación de la familia natural, del matrimonio tradicional, de la sana instrucción pública de nuestra niñez y a favor de la libertad de expresión religiosa [¿Quién les ha quitado la libre expresión de sus ideas? Críticar no es lo mismo que censurar.], se sonó la alarma en los sectores del liberalismo boricua. “¡Cuidado. Peligro. Por ahí vienen los fundamentalistas religiosos!”. Comienza entonces la proliferación de “noticias” y columnas de “opinión”, con la misma línea: demonizar, estigmatizar, estereotipar y caricaturizar a los líderes religiosos más vocales y visibles del País [Es muy fácil por lo que dicen. Si no le gusta la crítica, conteste y diga porque los otros están mal en vez de quejarse por quejarse.]. Esta llamada preocupación del sector liberal del País lo único que persigue es evocar respuestas irracionales y puramente emocionales en aquellos que los leen [Y, ¿ustedes cuándo han hecho argumentos racionales? Todo se basa en miedo, exclamaciones de condena por su dios y homofobia.]. Los Beatles, en una de sus canciones tenían un letra que decía: “Yellow mellow custard, dripping from a dead dog’s eye”. La gente trataba de buscarle sentido a la letra, pero en realidad no tenía ningún significado intelectual, lo único que evocaba era una respuesta emocional de repulsión. Este énfasis de la utilización de la etiqueta “religiosos fundamentalistas” tiene la única intención de crearle a la gente una fórmula mental que es: fundamentalismo-religioso = malo [No, el fundamentalismo de por si no es malo, es que no es posible tener una discusión de ideas. En un país hay que poder tener una discusión abierta de las ideas, algo que los fundamentalistas se oponen.]. Técnicas típicas de la propaganda nazi [Al usar la Ley de Godwin, acabas de perder el argumento.]. Adiós al análisis serio y objetivo de las diferentes caras de la noticia y sus personajes y bienvenida a la cobertura unilateral. El gran problema es que cuando usted se expone a días y semanas corridas a la misma propaganda prejuiciada [Pero si son los fundamentalistas los que llevan décadas sembrando el prejuicio contra los gays.], eso comienza a intoxicar, a molestar y crea la necesidad de decir: ¡Basta ya!

Algo que también hemos notado es que una buena parte de los que escriben muestran más que indignación contra los fundamentalistas. Exhiben una preocupación de que estos sigan hablando, uniendo a sectores y sobre todo que echen a un lado el silencio y la inacción [No, la preocupación es que ustedes sigan demandando privilegios y promoviendo el odio. ¿Cómo esto encaja con lo que su Cristo les ordenó?]. Pero la verdad demanda hechos y argumentos racionales y no los clichés que traen las noticias y columnas de encargo. Se nos quiere eliminar y descalificar del debate de ideas invocando una frase: separación de Iglesia y Estado [Embustero. Nadie lo descalifica de la discusión de las ideas, sino de la influencia en las desiciones del estado porque así lo dicta la Constitución. ¿Apoyaría que impongamos dogma Judío, Musulmán o de otra religión en asuntos del estado?]. Pero esa frase va atada al derecho a no ser inhibidos en la expresión de nuestras creencias religiosas [¿Quién les ha coartado ese derecho? ¿A quién han arrestado, atacado o asesinado por decir que son cristianos? Ahora compare ese número, cero, con los que han sido asesinados, abusados y golpeados porque gente como usted promueven el odio contra un grupo minoritario.].

De todas maneras, si creer en la vida [En todo caso, es la vida según a usted le da la gana. ¿Quién es Picón para decirle a los demás como vivir su vida?], el matrimonio de un hombre y una mujer, la crianza de los hijos por sus progenitores [Entonces, ¿los huérfanos y los madres o padres solteros no cuentan?], el respeto de verdad a la dignidad humana, sin violar esta con etiquetas [¿Cómo “abominación”?], estigmatizaciones falsas, y discursos de odio es ser fundamentalista, entonces, evocando una línea de un programa de comedia televisiva de hace unos años: “Soy fundamentalista, ¿y qué?” [Y ¿por qué llora entonces?].

 



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